LA CUMBRE, POR EJEMPLO

Femenina es la derivación  de la profunda palabra amamantar, que consigo lleva inherente una sobredosis de sentidos y raíces, que son sin duda los pilares de nuestra existencia.

Sé que estamos todos expectantes con la tan nombrada Cumbre de París sobre el cambio climático.
Una cumbre que reúne a un grupo de autoridades, cuyos intereses dudo sean la extinción de 23.000 especies, o la acidificación de los mares y los tantos desastres naturales que no sólo se llevan consigo nuestros recursos, sino también a nosotros.

Una cumbre en la que no se hablará de la tierra.
Tierra como madre amamantadora. Una tierra explotada y desmineralizada.
 La tierra en la que ahora se utilizan 181’5 millones de hectáreas para cultivar transgénicos en todo el mundo. Tierra devastada para el monocultivo de tabaco, de las que empresas como Philip Morris se abastecen en espacio, inhibiendo la absorción de CO2 que realizan los incontables árboles que talan. Por no hablar de las plantaciones de cereales que se utilizan para la masiva e insultante industria cárnica, que da placer y enfermedad a los habitantes ciegos del planeta y en la que sin dejar de lado, por su gran importancia, precisa de 7.000 litros de agua para tan sólo producir 100 gramos de carne de ternera. Hagan las cuentas. Tierra violada por abonos químicos (nitratos, fosfatos…), pesticidas (aldrín, dieldrín, lindano, DDT…), herbicidas (derivados del arsénico), hormonas (anabolizantes, clembuterol…) y antibióticos (terramicina, penicilina, cloranfenicol).

Dudo mucho que se hable de la tierra, del bioma de la tierra, de cómo crece una planta, de los estambres y pistilos o de las abejas. Estos, son sólo insignificancias.

Dudo que se ponga en tela de juicio a las multinacionales que atentan contra la vida como Coca-Cola, Nestlé, Mac Donalds o Vale entre otras.

 Femenina, es la derivación  de la profunda palabra amamantar, que consigo lleva inherente una sobredosis de sentidos y raíces, que son sin duda los pilares de nuestra existencia, que depende de la calidad del BIOMA: Una simbiosis perfecta entre fauna, flora y condiciones climatológicas.

Ya que no podemos estar en la tan importante Cumbre de París por el cambio climático, para pedir de buenas formas  BASTA YA de mentiras, de violencia, de esclavitud, de explotación y maltrato al planeta tierra, podemos  cuidar del BIOMA de nuestro cuerpo como reivindicación a todo lo dicho anteriormente, pero sobretodo para fomentar el amor y el respeto desde dentro. 



                                               

*Aclaración: El bioma intestinal humano es taxonómicamente complejo, constituye una comunidad ecológica y dinámica que influye en el desarrollo, la maduración, la regulación (estimulación y supresión) del sistema inmunológico, formado por 100 billones de micro organismos que coexisten en el cuerpo.
*La industrialización, la medicina moderna, la cismática forma de vida en Occidente y los nuevos hábitos alimenticios, son la consecuencia del “agotamiento del bioma humano” causante de tantas nuevas enfermedades que se han ido proliferado en las ultimas 6 décadas.

Amamantar significa nutrir, permitir,  amar. Es generosidad, paciencia y respeto. Es sentarse sin tiempo y deleitarse con la sobredosis de hormonas que fluyen por el riego sanguíneo permitiendo que confluyan entre sí y den, desde ese amor orgánico toda la información necesaria que se produce diariamente en el BIOMA del cuerpo, para que la vida pueda continuar.

Amamantar es una poesía sobre la historia de la tierra, es una rima de emociones que se confabulan y detienen el tiempo, es una caricia perpetua, es estar. Y nosotras mujeres, casa y madres, tierra y ventana a la vida, tenemos el compromiso de cuidar de este delicado compás para preservar la vida y poner de manifiesto que no estamos de acuerdo con la destrucción del planeta.

Entender que somos la tierra, que todo comienza desde dentro y no desde fuera. Que tener las plantas de casa bien regadas mientras nuestra tierra interna (bioma) está acidificado, enmohecido y contaminado por la continua ingesta de alimentos químicos y lejanos a la naturaleza frágil del cuerpo, no es ecología, no es respeto, no es generosidad, no es amamantar, no es ser mujer ni madre.

Por eso, he cogido de excusa la cumbre de París, para expresar mi prisa por seguir difundiendo lo importante que es cuidar lo que comes y como lo digieres con lo que piensas y sientes.

Vayamos hacia una alimentación más respetuosa con el medio ambiente, una alimentación cercana, orgánica, sencilla y alcalina. Una alimentación que respete a los animales. Una alimentación revolucionaria para estos tiempos y que esta sea nuestra cumbre diaria, desde casa, desde el cuerpo, para seguir viviendo muchos años más en un planeta feliz y así lo vivan los seres que están por venir.

Cualquier duda o consulta, por favor escríbeme.

Natalia Restrepo


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